MALTA MORENITA – Claudio Bertoni
El cansado intrabajable (II)
¿Que cuándo pasé para tu espalda?
Ya no me acuerdo y no me acuerdo de casi nada cronológicamente
estaba yo en tu espalda mis manos en tus nalgas diciéndote
lo inefablemente ricas blandas blancas redonditas imposibles
de violar exhaustivamente que eran cuando pensé la hora era justa
para preguntarte si te importaba o o que intara el copi en cerveza
Y lo pregunté después de haber tomado un trago como algo adicional
cuando el conchito éste lo había guardado calientemente y con
intención para introducir esta nueva fiesta en nuestra unión
No, no me importa
Y el temblor de tu voz preludió lo que se nos venía encima
Me lo dí vuelta y ardió y lo introduje y raspó empapado y el glande
se inundó de bordes ruditos que aplastaban raspaban y resfregaban
lo que a gritos pedía tus convulsiones fuera raspado y resfregado
hasta el rasmillón, éxito en vista del cual, derramé toda la cerveza
que quedaba –que no era mucha- y me hundí entre tus piernas y
sorbí y chupé y lengüeteé y regurgité entre las nalgas y te lamí
la guatita y te pregunté si te importaba que el cobertor estuviera
empapado con cerveza y dijiste que o al mismo tiempo que lo
echábamos a un lado y yo te lamía los muslos y las rodillas y
parte de las nalgas y sobre todo en las proximidades del tajo
en donde convergían los flujos y yo escupía sin cesar
¿Te importa que traiga otra cerveza?
-pregunté idiota-
y de vuelta me detuve para tomar un trago frente al espejo
del living imaginando que un poco de alcohol demoraría la eclosión
pero entré al tiro a la pieza y allí encima de ti tomando un trago
te di vuelta media botella en el culo
Casi acabo con el grito que diste
y me fui de fauces contra los domos blancos y húmedos estilando
y la voluptuosa lamida de un trasero resbaloso y brillante
y la criatura que lo revuelve y empina como tú lo empinas
Desde el ombligo y pasado por tu apestosa fauce hasta las caderas
y tu cintura recorría la chupada y tú no habías dicho antes
chupar
ni tanto ni tan calentandoramente chúpame éste
y ahora el otro
el
¿qué quieres que te haga?
lo usabas también ahora
¿sientes cómo
te cuelgan?
te pregunté,
viéndote colgar,
no las tibias
dulces palomitas
¡pero
las tontas
tetas!
Hiciste un canalcito empujando las mismas con tus antebrazos
apoyada en el respaldo de la cama volviéndolas turgentes y me pediste:
¿por qué no me la echas por éste canalcito?
y el jugo llegó a tu herida
inundándola incendiándola al mismo tiempo que yo y la eclosión
de jugos y mi lengua y mis labios y mi nariz y mis párpados y mis
mejilla y mi barba y mis cejas y mi pelo y mis orejas todo resbalándose
y succionando y sobando tus dos dunitas lujuriosas
.
Después varias veces y en diversas posiciones te dejé caer malta
y terminamos embetunados de pies a cabeza y la cerveza vuelta seca
hacía duro el roce y rico y me levanté a buscar otra botella y te
pedí así a lapasada que te pusieras una bonita ropa interior
y escogiste los negros de seda con encajes como los negros de seda
con encajes y además con cierre eclair que Marcelo le robó en
Nueva York a la Vicky y te los puse y te lo hice por el lado y por
debajo y te lo saqué y te seguí derramando cerveza y te propuse una
idea que rumiaba desde hacía días y que consistía, a grandes rasgos,
en recorrer tu casa desnudos histéricos de calientes deteniéndonos
en los lugares más peregrinos –la mesa del comedor, el diván, debajo
de la mesita de la cocina, al lado del tocadiscos, sentados en el wáter
(con la tapa forrada en chiteco, cerrada), tirados en el suelo, en el closet y
etc.-
.
para follarnos y langüetearnos por todas partes y nos tendimos en el diván
pero en una pose que te dolían las rodillas así es que nos levantamos y
nos tendimos en la cama de tus padres con mi postre totem rubicundo a
más no poder y orgulloso el muchacho
te pedí hacerlo de todas las maneras
que desearas y tú te sentabas y me preguntabas:
¿cómo quieres que me mueva?
y en una posición dijiste algo que casi me aturde y en lo que no me había
fijado:
estábamos tenidos de espalda tú para un lado y yo para el otro
como si fuéramos lesbianas unidas por mi falo a punto de ser arrancado
del cuajo en esa posición tan forzada pero tú estabas disfrutando demasiado
así es que me aguanté un rato el dolor y temor de tal posibilidad
en lo
que pensaba
cuando me dijiste:
¿sientes cómo se nos tocan las nalgas?
¡Silencio absoluto!
¡El cuadrado del binomio!
¡Y un
dos
tres momia!
Así evitamos apenas
lo que parecía
inevitable.
.
Hicistes otras poses de lado sentada todo el tiempo y preguntándome
qué ritmos y vaivenes eran los que yo prefería hasta que hiciste
lo que ya era hora que alguno de los dos hiciera y dándome la espalda
y tu domito EMPINADO y tus manos apoyadas en mis rodillas
oscilaste cada vez más rápido cada vez más rápido cada vez más lento
cada vez más lento y jadeas cada vez más oscura y mariconamente
mientras yo te amasaba las nalgas como si fuera la masa para
el pan para las sopaipillas para los picarones y para las empanadas
y las dejé porque supe lisa y llanamente que ya era hora y el semen
las emprendió como un tren subterráneo a través de la uretra y tu
saltaste fuera porque no habías tomado anticonceptivos y yo me tuve
que ir de coitus interruptus
¡ven a mí!
creo que grité ridículamente
con una mano en el culpable impidiendo que cayera demasiado semen
en el cobertor y con la otra mano te tomé del pecho izquierdo y
te traje de espaldas encima de mí.
.
Risas y comentarios
Duchas en el camarín
Y a tomar onces.
.
71. (Verano)
.
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