Compromisos entre nosotros

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No olvidaría nunca a los desgraciados

que han quedado en las ciudades

construyendo un lenguaje ajeno,

es que todo porvenir es fragil

de sobremanera

tales semillas que el diente de león

soltó de su mano.

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Voy tras todas ellas camino al maule

vino en mano y corazón sentido

henchido por los caminos, que son como

lastres de lo por venido y a mal traer

las penurias de aquellos se abandonaron

.

Por eso escribo, por los que traigo

ligeros y silenciosos por la espalda

por los que me encaminaron y me pidieron

recuerdos

.

Soy por lo que he dejado

Aquí me veo, lleno de recuerdos

en un poblado de sobremanera

me descuido, me olvido.

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Por eso escribo, por compromiso

y que las cosas queden así, como

las palabras las he dispuesto.

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Que quien lea resucite lo que ya

he dado por olvidado.

Todos somos pecadores

Hemos faltado a una palabra

que no es nuestra.

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No hay de qué ser salvarse

podemos volver a nacer

después de todo

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siempre es posible el olvido

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En Breve

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Brevemente
viví un día como un poema.
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Rápido
Anónimo
Intenso
Y al papel siempre resulta
algo grueso: una palabra echada
al sobre llevado al buzón
que siempre piden a gritos
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Cuando yo empecé a escribir
juntaba las sílabas
y las cosas amables
me parecían hermosas
aunque el tormento del mundo
me embarraba más las ropas
y las rodillas heridas
escribían sus propios versos sobre
los calcetines.
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Nada de eso yo sabía
así que siempre terminaban todos
en el refregadero: blancos y de colores
colgados frente al sol.
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A los veintitrés me propuse escribir
los números con palabras
y quise ganar un premio
Empático queriendo ser
una copa que suene más en un brindis
en el cual nadie tenga claro qué se celebra
a la salud de los comensales será por ahora
y por ahora nomás es lo que se sabe.
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Como sea en ese día
un guardia público miraba desde la ventana
de su caseta
que todo anduviera como siempre
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Le pregunté por la hora
y no llevaba reloj
Se mostró complicado
pero le dije que no se preocupara.
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Es complicado un día
cuando se reconstruye
lo que terminé viviendo
bajo la ruina de los difuntos
la memoria fulminal.
Soy el testigo de los familiares
que vienen a reclamar los cuerpos
No tengo cómo decir qué sucede,
Sólo nombraré, nombraré fantasmas
allí, allá, debajo de los escombros
¿los puede ver?
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Honren sus memorias, alegres finales.
Por escribir nomás puedo decir
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Brevemente
viví un día como un poema.
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[A. Apablaza ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]

Tareas pendientes del dia domingo 28 de Marzo, 2010

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De tener tiempo libre y voluntad y ocio para escribir asuntos aparentemente importantes, itinerantes, o poéticos, considerar pues los siguientes temas:

Uno: Curiosa situación entre Vicente Huidobro y Pablo Neruda. De la cual rescatar los basureos que se tiraban. Por una parte uno diciendo: “Hijo de Minero”, el otro “Un señorito”, y otros dulcecitos que quedaron en el rumor callejero de los amigos, familiares y algunos ubicados que les rondaban.De lo que puede divagarse varias lineas y entretramados es el siseo político que ambos llevaron a cabo en todos los lugares en los que estuvieron, claro: uno más a viva voz, otro más subterraneo (y parafraséando a Huidobro: “más político: más peligroso”).

Se puede uno apresurar y decir que Neruda tenía mucho de qué guardar, y Huidobro: “mucho de qué  más crear (para tener)”: su creacionismo mismo como un deseo por la falta. (ahí vendrían reflexiones cándidas sobre el que partió en riqueza economica y el otro en riqueza social:  porque a los mineros de chile se le debe más que a un cafetín francés… o como sea, un breve lazo a Marchant).

Y otros blablás posibles, al respecto de sus obras, por cierto muy renombradas en lecturas de colegio, según la gallada que es hoy por hoy la opinión del chileno común.

Notas útiles (y por cierto, para nada accesorias): Vicente ya me ha aparecido varias veces en este ultimo tiempo: La primera fué aparición, luego las otras son como una re-aparición en vista de una “deuda” (más bien: “tareas pendientes” como suelo titular hoy por hoy) fué hace como dos años, cuando divagando en una abandonada biblioteca del sur (esa de infinitas enciclopedias del las últimas noticias y otras de caracter gratuito del año, no sé, del 70′ pa adelante),  me encuentro en una de esas tantas colecciones una de literatura: Vicente Huidobro: Altazor. “Vaya! Si este libro lo había leído” – decía recordando si había copiado la prueba de aquel examen de lectura, o si lo había ojeado en realidad (nótese que nunca fué en la infancia realmente interesante para mí leer).- “Me lo llevaré por cualquier cosa”. Y como cosas como libros viejos y otros objetos de caducado valor en su entorno no son prendas robadas, nadie lo extrañó (y quizá hasta por mucho tiempo más, cuando tenga bisnietos y mis familiares sean demasiado en cantidad y en lejanía como para contarlos). Mi viejo que lo leyó en los tiempos de espera de la micro y se lo zampó de un puro guaracazo: no le alcanzo a durar dos semanitas. Yo recuerdo el giro de su lectura: de ser un libro muy fantástico a ser una buena historia (de la que por cierto comentaba cada vez que podía cuando nos topábamos en las comidas o en algún otro lugar fortuito).

Por cierto: aún recuerdo mi sospechosa lectura.

Hay otras anécdotas, como la de un boceto, rememorar intuitivamente a Huidobro en un remate, como quien padece una necesidad de golpear a alguien, y vas y te encuentras con lo primero y ¡paf! Lo que resultó.

¡Y, para capitular! El dato que motivó este acceso fué principalmente el hecho de que re-apareciera Hudobro nuevamente hace unos días, en las búsquedas itinerantes al respecto de Parra: Encontré una videoteca y, al respecto de los diversos videos de Parra, uno de Huidobro y Altazor. Demás está hablar de aquel que ya habla de sí mismo:  hablo de Parra, también de Huidobro.

Al respecto, un dulcecito que encontré: en la que se dice lo siguiente:

Allá, en Las Cruces, instaló su guarida que se encuentra a unos kilómetros del lugar en que fue enterrado el poeta Vicente Huidobro. Parra, desde su casa, se empina de pies y le mira la tumba al colega.

A veces lo visitan jóvenes que, con la boca abierta, lo miran pensar. Parra les suelta sus frases. Les dice: “La vida es una humillación”. O, como le dijo a uno: “El mundo es un conglomerado de putas y cabrones” (porque la traducción? es de Parra, Shakespeare vivió otro mundo, otras putas, otros cabrones, no tenía en cuenta a Huiodobro, por ejemplo)

Archívese también esto otro (resultado de cachurear mientras escribía): “Cosas que se cuentan de Vicente Huidobro” – Enrique Bunster.- Nótese el lugar del archivo: FUNDACIÓN NEURDA…

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Dos: Un texto de Oscar Hanhn que nunca fué leído para la ocasión que fué elaborado (y que, de consuelo,  terminó publicado para leerse)

Al respecto puede hablarse de muchos asuntos. Sugerente indicarlos:

- Lugar que no tuvo lugar: dice (sea quien fuere):

“Por último, y como brillante colofón, el poeta, crítico y ensayista chileno Óscar Hahn abre con una lección magistral el acto de clausura, en el que participan, también, los máximos representantes de las diferentes instituciones organizadoras.”


- Apoyo por parte de España. (Que, en solidaridad con los chilenos, no vinieron a Chile). Y cito:

“Como el gobierno chileno suspendió el Congreso, se ha suspendido también el viaje” de don Juan Carlos y doña Sofía a Brasil, dijo a AFP un portavoz de la Casa Real.” -  Fuente hispanaFuente nacional

- Oportuna ocasión para hablar del terremoto y la escritura: O bien del aún pendiente escrito al respecto de Marchant, y la anécdota que se resume: Terremoto en Conce, y “Escritura y Temblor”. Literal.

- Otros, muchos otros. De los cuales resta apuntar: el mercurio, lamentable situación de artes y letras (sección patrimonio), oscar hanh como jurado del concurso que no participé: y aquí al respecto adelanto: “evité el lugar de fracasar y ser publicado alugar de consuelo”. Es como jugar un par una mano con cartas altas.

- El asunto del terremoto es un tema pendiente de ser una crónica completa.

Más o menos eso.

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[A. Apablaza ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]

Tarea pendiente del día: 23/3/2010

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Queda pendiente de lecutra “Los neochilenos” – Roberto Bolaño

Y una pregunta para la casa:

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“¿dónde está el silencio

en el hambre?”

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Esto al cabo de lo anterior: tanto “hilván” como “lecturas hogareñas al respecto de marchant”, aún no publicado.

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[A. Apablaza ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]

Tira nomás

No sé por qué me acorde de aquel día en que lanzaba un ladrillo contra una muralla. Alguien me había dicho que adentro guardaba un tesoro. Algo incalculable, que costaba todo esfuerzo humano, y quizá algo más.

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Nunca lo supe.

Parece que el ladrillo supo más de mi tesoro que yo de él.

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Aún tengo la costra en el pulgar del pié, cabeza, nariz, muñeca, otros.

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Ahogo: ¿el aire?

Necesitaba un aire ajeno a mis pulmones.

Me había pasmado en un ahogo inusual. La noche no se había hecho más densa con las lacrimógenas que avanzaban silenciosas por los barrios. No sabía qué serían de esas horas después de que yo ya me durmiera, tan ingenuo e inocente como siempre ha sido durante todos estos años. Entonces pensaba y no entendía qué podía esta escena ya tan recurrente. Dejaba de pensar, ya rendido al picor de los ojos, y una quemazón que ingresaba por todo mi cuerpo.

Por mis narices, así como por entre los ojos, corrían torrentosos líquidos que parecían huir de todo esto.

Y me preguntaba en voz baja, como no queriendo molestar a nadie:

¿Dónde está ese aire que me falta ahora? ¿cuál será? ¿acaso es esto que respiro, o es,quizá,  un aire menos urbano, más calmo, como ese que está un poco más allá, para el sur, pero no tanto,  por ahí entre Talca, Cahuquenes, Chanco, Constitución?

Creo que hasta Chanco, porque en Constitución está la celulosa de Arauco, pincelando los pulmones de aquellos, los individuos que se hacen preguntas similares a las mías.

La noche perfumada pasó lenta, como los cartoneros que pasan toda la noche urgando sus esperanzas.

Ahora más depierto pienso: quizá este ahogo no era a causa del aire…

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[A. Apablaza ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]

Procesión

Procesión Virgen de la Candelaria - Chanco
Imágen: Procesión Virgen de la Candelaria. Chanco
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Sonaban unas campanas del siglo pasado mientras me dirigía a la avenida principal. Seguramente principal porque llevaba a la iglesia, a la plaza de armas y a la carretera. Caminaba con cierta atención en ello, sobre todo en lo de las campanas. Varios me acompañaban conversándo, pero luego los ví alejarse camino a la plaza de armas. Andaban en otra.
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Pasé desapercibido camimando en la avenida, caminando como parte de la procesión de la Virgen de la Candelaria. Las campanas no dejaban de sonar. La gente caminaba murmurando, y yo también murmuraba, mi cabellera disimulaba mis audífonos, mi polerón el mp3.
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Al pasar la iglesia me quedé sólo. Las campanas seguían sonando hasta muy después de que había vuelto a la casa.
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Y yo que sólo quería revisar mi e-mail en un humilde ciber de Chanco.

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La vida de ella y él.

Marianela supo demasiado tarde que había envejecido. Sus pies alcanzaron a dar algunos pasos antes de que se dejara postrar por la tardanza. Ella parecía no haberlo previsto nunca, ¿cómo podría haberlo sabido? Nunca había dejado la ingenuidad de los juegos infantiles, de los quehaceres hogareños, de la vida sencilla. La angustia hizo que su pelo cayera  junto a las hojas de su árbol querido. Juntos  se vieron tomados por una sorpresa que desconocían. Lloraron versos desesperados, más nadie los leyó. Guardados bajo su larga falda que aún recuerdan sus años de purismos sepias se añejaron como un vino erradicado a la perfección de labios ajenos. La sombra de su árbol se había perdido junto a su ánimo. Ambos se habían dejado secar en los veranos que los vió vivir.

Marianela vivió algunos años después de la noticia. Su muerte la experimentó con una singular alegría. Ésta, hermosa incomprendida,  había sido la única travesura que había hecho en su vida: Desde una soga lució una agradecida sonrisa hasta que la rama en la que se había colgado cedió. Su peso había sido insignificante para aquello. La rama bien hubiera cedido sin necesidad de que ella hubiera estado allí. La casualidad simplemente les había unido.  Esa tarde el sol engañaba su calor por entre las nubes que se asomaban de un horizonte a otro. Cayó brevemente en un pantano que se había hecho bajo sus pies, ya más pálidos, ya más sensibles.

Atardeció aquel día con un dulzor dorado, como el de la miel cuando está fresca, rencién elaboraad. Nadie notó nada distinto en ese día. Todo había sucedidi como de costumbre. Marianela fué llevada a un cementerio y en breves ocasiones tuvo flores bellas. Sus aparentes familiares aprendieron que las flores de plástico nunca más se marchitarían.

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[A. Apablaza ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]

En recuerdo de

¿Por qué las ganas de realizar alguna semblanza, por breve que sea, cuando alguien ha muerto?

Hablo de mis ganas: de mi deseo por contar las muchas anécdotas que me hubiera gustado haber tenido con aquel buen muchacho que ya no está con nosotros, de ese deseo por enaltecer su persona a los cuatro vientos y decir lo muy bien que hizo al mundo (aunque él simplemente vivía con sencillez). No sé por qué las ganas, pero sin ser ni convidado de siquiera algún momento me siento convocado a agitar a un hombre que bien ya ha devenido en su más póstuma y larga transmutación: hoy yace seguramente tranquilo, sin apuros, preparando algún tema para llegar con alguna novedad. Me quedé con ganas de haberlo visto tocar uno de su temas.

Lalito Parra vivía en una villa que había levantado hace pocos años al lado de la que yo vivo: Cardenal Raúl Silva Henríquez. Son pocos los que recuerdan las grandes extensiones de campo que se mostraban aún como un lugar agreste, suburbano. Ahí donde se levantaron los mil y un blocks de viviendas de alegrías y tristezas, ahí, ahí mismo vivió por algunos de sus años. Yo fuí testigo de eso: “el tío lalo vive acá, ¿lo sabías?“, se entrevía sumisamente en más de alguna conversación.

Supe todo esto, más nunca lo ví.

Hoy me dejo llevar por mis ganas, y bien ebrio de sentimientos encontrados entrebusco una nota que pueda golpear al punto una menoscabada alegría de querer cantar algo, y que suene para la ocasión. Sepa él disculparme por la tardanza y lo improvisado en que devino este gesto. Alguna vez nos encontraremos en Chillán y arreglaré un mejor presente para este campeón:

Hoy está muy muerto,
Muy muerto el Lalito parra
Éste nos regaló el verso
por eso toco la gitarra

Pucha me ha sonado a llanto
lo sé, sé que no es tanto:
Que la vida es una ramada
y en un arpegio se derrama.

Se me ha ahogao el ánimo
caramba pa tocarme una cueca
ni un chiucio bien endiablao
me cachetea bien firme la jeta

Habrá que empinar la mueca
pa que no pare esta fiesta
en donde se toca una cueca
en la que el público es orquesta

Y como habrá querido mi comedido
que no pare nunca este malón
aca no hay ningún consentido
asi que todos me bailan está canción.

¡Porque es la cueca de Lalo
en honor a su recuerdo
por ser el trovador más entonao
enbravado en sentimiento!

Bailando un pié de cueca

Bailando un pié de cueca


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[A. Apablaza ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]