¡Felices fiestas patrias!


Sucedía que un dieciséis de Septiembre que, sabiendo de que venía todo lo que conllevaba el dieciocho y sus guirnaldas de patriotismo, Juan Carlos no había puesto la bandera chilena en la portada de su casa. Varios de los vecinos que le circundaban le habían mostrado sus dudas al respecto. Bien sería un año más, o bien sería un año «especial», como solían cuchichearlo por entre pasajes y casas de aquel sencillo barrio.

Un timbre desgastado por el óxido y el desuso de pronto hizo estremecer aquel hogar en donde vivía Juan Carlos. Parecía que el silencio sagrado que guardaba bajo sus puertas y ventanas había sido perturbado, junto a lo cual éste, motivado por la novedad, salió a ver de quién se trataba, ya un tanto curioso, ya un tanto ansioso.

– Oiga Vecino Juan Carlos. ¿Qué le pasa que no ha puesto la bandera? Fíjese que ya se viene el dieciocho y ¡ni su bandera ha puesto! ¿Qué me tiene que decir al respecto?
– ¡Ah…! Pues mire usté vecina. La verdá es que ni recuerdo dónde estará. Usté sabe: cosas de la vida. El año pasao de tanto chicha en cacho y carne asá quién sabe dónde habrá quedao. Ya debe estar por allá en Chuchunco. Vaya uno a saber…
– ¡Pero vecino! ¡Usted tiene que avisarme nomás! Es cosa que me diga y le paso una banderita tricolor pues, ¿no ve que acá en mi tienda me sobran? Parece que anduviera con vergüenza.
– Sí doña Marcela, usté siempre ha sido buena persona conmigo, pero verá que usté hace negocios con la bandera pué, ¿cómo se le ocurre que yo voy a pedirle…?
– ¡Ah, no se preocupe! Espéreme un tantito aquí, que yo vuelvo enseguida.

La vecina iba a su almacén tan rápido como sus piernas llenas de várices podían, su prisa le era indiferente a Juan Carlos. Se rascaba la cabeza con una aparente tranquilidad, al mismo tiempo que emulaba una mueca de festividad a quienes, vecinos suyos, pasaban por ahí a esa hora.

Mientras éste esperaba afuera de su casa logró divisar que el barrio se encontraba bastante cambiado, hermoseado, desde la última vez que no recordaba haber visto: Postes llenos de arreglos, calles realzadas con hojas de palmas, niños y ancianos vestidos con motivo de la fecha: poncho y botas espueladas, vestidos floreados y encrespadas trenzas. En fin, notaba sin mayor problema desde el trasluz de su reja que los vecinos se habían tomado las calles y habían levantado una gran ramada en la cual parecía participar toda la comunidad, incluso, invitados que simplemente desconocía.

Sin reparo de la desatención que tenía el vecino, doña Marcela irrumpió en esta, su sorprendente contemplación. Juan Carlos no supo de ella denuevo hasta que de pronto habló de pronto.

– ¡Grande la fiesta!, ¿no cierto vecino Juan Carlos?
– ¡Ah! Sí, si… así es… bonita la custión. Fíjese que hasta el rotito del Pancho, ¿lo ve?, se puso buena teñida. Lo estaba mirando que rato y vaya que tira pinta, ¡si hasta parece huaso de fundo!
– ¡Jajajaja! Sipues… ¡Parece que falta usted nomás! Varios han preguntado por usted.
– Ah… sipo’… bueno, ya me iré a poner alguna pilcha pa’ la ocasión. No es de desmerecer que estamo’ en la época de fiestas patrias pue’.
– Ya pues, sea así entonces…

Mientras consentía el espíritu dieciocheno que curiosamente irradió a Juan Carlos, Marcela sacaba de entre sus prendas una bandera Chilena, lo bastante grande como para lucirla colgada al frente de su casa. No parecía ser nueva, pero bien ella sabía que para don Juan eso no era importante.

– Mire vecino, aquí tiene la bandera, se la regalo para que la ponga en su casa. ¡No la vaya a perderla como en el dieciocho pasado!
– ¡Sí, sí! No se preocupe nadita, ahorita tendré más cuidado…
– Confío en usted vecino, sé que no me va a fallar. Y bueno, dejamos hasta aquí el cuchicheo. Me va a disculpar vecino, voy a tener que dejarlo un momento, tengo que ir a ayudar a la vecina Rosa con las empanas, le vamos a estar esperando en la ramada vecino, no lo olvide.

– Ya, tranquila usté que yo me voy pa’ dentro a emperifollarme.
Nos estamos viendo pues…
– Hasta luegito nomás.

La bandera se había ensuciado inmediatamente con las manos de Juan Carlos: él se había dado cuenta de aquello. Ese blanco que resaltaba los tenues colores del interior de su casa se tiñeron de un negro mugroso, y era porque la bandera dispuesta ahí en donde la había dejado Juan Carlos también estaba lleno de suciedad: La mesa dispuesta para una once de quien sabe qué día era el menú de aquella tarde, antes de salir a festejar. Era un detalle que había olvidado, pues hace tiempo que no venía nada nuevo a aquella, descuidada casa.

Tomó asiento improvisadamente, junto a la mesa que sostenía la bandera. Se mantuvo en silencio mientras servía vino en un fino, aunque sucio vaso. Parecía tan añeja la reserva que miraba la copa con aparente detenimiento.

– Vino tinto… vino vino… Vino tinto y entonao’… Vino tinto… vino, vino… vino y así se fué nomá… Vino por aquí, por allá, se fué así nomá, por allá capá…

El alardeo persistente de Juan Carlos era un tópico que se repetía de vez en cuando en el año. Era especialmente en esta fecha en donde se intensificaban: la angustia de la soledad lo abarcaban de tal manera que llevaba a cabo cuestiones que sus vecinos bien solía temer. Era algo que todos tenían en mente cuando celebraban estas fechas. Algo que todos consentían dentro de lo posible. Por lo demás, había un límite que todos desconocían.

– …Yapue’ nomá. Acá te tengo de nuevo Chile de Mierda… Acá estay tú, patria chilena, perra culiá. Te tomo y te zamorreo ¡como quiero! ¿Qué? ¿Querís hablar? ¡No tenís ni cultura pa decirme algo! El día que mataste a mi familia ya te fuiste a la mierda. A la verdadera mierda… ¡Perra culiá! Nunca supiste que yo la quería… y mi ñiñita, tan bonita que era… era mi ñiñita la más linda, la que bailaba cueca y traía medallas, porque era buena la la cosa del baile y el folclor… mira esa de allí… esa la de allá… todas esas, ¿viste…? Eso te llevástes po’, y me dejaste esto, una copa y la soledad de tener que tomar solo… ¿Así nomás? ¿Vas y te quedas callada como perra aguachada? ¡Acá me tenís po’, faltó el hombre de la casa po’! ¡El que se sacaba la re cresta por darle a mi familia una mejor situación! No te bastó con alejarme un tanto… ahora estamos tan lejos que vos, ¡maraca!, podís reírte como puta recién pagada…

Entre el hipo y los sollozos que dificultaban el descargo descomunal de Juan Carlos, la copa de vino que sujetaba con rabia se rompió de lo puro enfadado que estaba. Su mano de cincuenta y tantos años daban cuenta de que su herida era un recuerdo de lo que se había salvado en aquel septiembre en el que había perdido a su familia. Los torrentes de sangre que se habían hecho en su mano desembocaban en la bandera chilena. Juan Carlos empuñaba aún más la mano. El tinte de la habitación se tornaba hacia la impotencia que Juan Carlos musitaba.

– ¡Perra culiá hija de tu madre! ¡Nunca vay a pagar con sangre este dolor! ¡Erís una zorra culiá de las mil putas! ¡Mal parida, guacha culiá! ¡Nunca sabrás lo que es vivir como yo viví durante todos estos años…! ¡Nunca sabrás lo que fue haber vivido alguna vez…!

Allí en ese preciso momento en donde la sangre de la mano dejaba su torrente inocente en un silencio de fonda, los ojos enrojecidos de Juan Carlos no dejaban de mirar, aún cuando su cuerpo yacía muerto hace varias horas. La porfía continuó en ese cuerpo, incapaz de alguna mosca, de alguna larva.

Luego de varios días los vecinos supieron de la muerte del “loquito del barrio”, como solían llamarle. El hedor que había invadido dicha esquina fué suficiente como para entrar a su hogar que lo mantuvo sobrevivo durante varios años. La bandera se encontraba inmersa en aquel rojo que quizás nunca una bandera espera portar: Juan Carlos entero se encontraba en ella. Su cuerpo, más desfigurado que descompuesto, musitaba una tranquilidad llena de ironías, como lo había sido su propia vida.

Al otro día fue enterrado por sus propios vecinos en un nicho de la comuna, ya que no había ni recursos ni familiares que lo pudieran ayudar. Fue enterrado en el más fraternal y breve silencio.

————-o————-

[T. Plaz ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s