La escucha y la pregunta, 1

Mientras Armando Uribe
de fondo por el parlante
piensa en la palabra “escaneo”
como cosa de cementerio

pensando en la rima con “cráneo”
y en donde innova acotando: craneo

Y todo esto respecto de la historia de un poema

que se disponía a leer,

.

Pienso:

.

¿Dónde diablos ha puesto el acento?
¿En la lírica,  la oración, o en su verso?

.

El acento es un sonido que es casi identidad

de cada cosa sonante, sobre todo de aquellos

sonidos complejos, como en el caso de los hombres

aquellos, tienen acentos que parecen diferenciarlos

unos de otros.

.

Entonces, ¿será particular este acento?

No, no es ni una acotación, ni nada.

Es una divagación que se teje inocente

pero que guiña tras de sí algunas mordidas.

.

Verso las líneas que fuí escuchando hasta

que terminó de golpe el video
que tan sólo escuchaba.

.

Tras el sonido se escondían algunas imágenes

que me dí el derecho de no verlas, porque su

acento era el de su voz, y no la menudencia

de su cuerpo gesticulando expresiones.

.

Por eso es bueno detenerse a escuchar

Porque cuando te detienes, afectas el tráfico.

Lo destruyes todo, pero no afectas nada.

.

En el momento en que nos afectemos más

por nuestras preguntas

que por nuestras experiencias

prefiero ir a mirar Yingo con mi hermano.

.

O salir a molestar a la calle, entregando encuestas

dándole esperanzas a la gente de sueños

que posiblemente ni uno mismo puede creer.

.

No importa la escusa, cuando la pregunta

no busca una respuesta obvia o inteligente

sino traer a colación la lonchera problemática

de cuestiones que a la larga ocupan una duda

.

muchas veces indefinible,

pero nunca encubierta.

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Link al video referido

“Barata” – Armando Uribe Arce

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Algunos minutos

Estación Central

“Cuando todos se restan, queda aún algo que resulta familiar”, A.A.

Voy pasando por la alameda, cuando sin reparo del semaforo me detuve. Abrí la ventana para tomar aire. Un poste tenía un foco que me ilumana de frente con su luz amarillenta.  Son las cuatro de la madrugada, y el semáforo estaba en rojo. Esperé, miré lo largo de la alameda, seguramente esa del hombre libre que anduviera caminando por ahí. No sé, no había nadie, salvo las camaras que supone alguien mirando por ahí. Recuerdo esa camara: me parece que nos conocemos desde hace varios años ya.

El mono verde del semáforo pestañea. Cierro la ventana. Habían unos ancianos que se retiran con paso ligero a los callejones con sus bolsas y cartones. Parece que no les gusta que les molesten.

Por fin un cambio. luz verde. Todo parece seguir igual. Prendo el motor. Le costó partir a este cachorro. Hace frío, después de todo, después de todo no es lo mismo que ese calor humano que se entrevé en el día, cuando la estación parece más central.

Avanzo hacia adelante, aunque la  verdad de las cosas es que olvidé a donde iba. Me pierdo. Vuelvo de donde venía.

El desandar. A eso me refiero. Por eso ahora voy en retroceso. Me lo permito porque aún es de madrugada, y no hay nadie que te diga algo.

La camarita amiga sólo mira.

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una llamada – a dog’s response

Una llamada

Una llamada

Un perro constesta una llamada.

¿a qué constesta?

¿al sonido de la campanilla?

¿a la intención de quien está

llamando?

¿o más bien a su instinto

de constestar?

Sea probable una escena fortuita:

el perro iba por ahí y levantó

el auricular, sin mayores apreciaciones:

“- ¡Aló! Diga”, dice

más

nadie al otro lado

responde.

(más fortuita es la escena

en la que el fotógrafo

saca su instantánea…)

La contesta entonces

¿es una voluntad

o es una  reacción,

una intuición,

o quizá una premunición?

Ante todo la contesta es

una suposición

una performance

un simulacro.

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Quinta reunión, red intercomunal

No es acta lo que escribo porque no me interesa ser secretario. Tomo apuntes porque me parece que la memoria a esas alturas  de la noche no da para mucho, además que el cafecito que a veces llega y a veces no, te distrae demasiado, al menos no tanto como el frío. Apunté nombres y direcciones de gente muy interesada. Habrá que ver cuales son sus muchos interes.

Un integrante del gobierno regional nos dió la nota alta de lo que eran los conductos “regulares” en la política chilena, sobre todo en esa área que poco se sabe o bien se ignora: esa instancia que está por arriba de los municipios (al menos la instancia). El tipo seguramente es un apitutado, pero no sabremos si es un experto en la materia: de la retórica o el convencimiento, de la bondad o humildad, del respeto o el trabajo. No sé: ahí estaba el hombre hablando de los proyectos que envían los alcaldes al gobierno regional, pasándose por la raja al consejo, o sea, los concejales y otros pelagatos. “El señor feudal”, como acotaba un integrante de la red intercomunal.

No era mala persona, de hecho es todo un hombre de trabajo, según parecía.

Y no era ni él ni nadie en particular. Ya para estas alturas ibamos desde las irónicas risas al angustiante resignamiento. Por eso estábamos ahí, y no en la puerta de alguna oficina cualquiera pidiendo limosnas. Pero hay algo que nos hace pensar que vamos hacia adelante, seguramente nuestras creencias de decir: “bueno, parece que somos de izquierda, y hay gente de izquierda que nos ha venido a apoyar. Estamos apoyados, vamos hacia adelante.” Éramos como niños construyendo mundos que no existían, y que no por eso no podían serlo.

Vuelvo con un dejo de alegría que no puedo mantener. No sé, quizá se me perdió antes de escapar de la neblina, cuando entramos al nissan de la señora Marcela y prendió la calefacción. Cuando tuve que abrir la ventana, ya para ese entonces todo había vuelto a la normalidad.

Aún me veo muy jóven para el asunto. No sé, quizá tema algo, por eso a veces me retraigo de toda la pasión que puede implicar todas estas actividades. Quizá, será una situación similar en la que Rantés le preguntaba al siquiatra:

“¿Por qué lo siquiatras cuando están oyendo a un paciente se tiran para atrás? ¿Temen al contagio?”

A lo cual debiera responder:

“Disculpeme, es una costumbre

.

.

.

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Apreciaciones de una madre respecto de su mascota, que es como su hijo

Era un sentimiento extraño, muy pero muy extraño,

era un sentimiento hacia su mascota

como de aflicción, como cuando el corazón

late por algún mal presentimiento,

una tincada (una corazonada seguramente)

tal, que se podía escuchar a la madre decir

que lo había ido a botar.

Quizá era el sentimiento de culpa

que nunca debió haber sentido

cien preguntas a la conciencia:

¿estará bien? ¿estará cómodo?

“¿le faltará algo, o quizá querrá

que le haga cariño como de costumbre?

quizá querrá volver”

Cuando llegó el momento

de volverlo a ver

pareció para ella

más que un alivio

una gran noticia.

“Parecía como si lo hubieramos

ido a botar aquí,

pobrecito”.

Decía mientras

lo traíamos de vuelta.

No ladró ni comió

sino hasta que allí

ya vuelto a casa

se notó en confianza.

No sabremos más,

sólo quedan estas

apreciaciones

que le son del todo

del todo ajenas

Pese a que fuese mucho

el aprecio que ella le tiene.

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Cita: Enrique Lihn: Monólogo del padre con su hijo de meses (fragmento)

Enrique Lihn

Enrique Lihn

Monólogo del padre con su hijo de meses (fragmento)

Enrique Lihn. Del libro “La Pieza Oscura”

.

Nada  se pierde con vivir, ensaya:

aquí tienes un cuerpo a tu medida,

lo hemos hecho en la sombra

por amor a las artes de la carne

pero también en serio, pensando en tu visita

para ti o para nadie.

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Y luego del fragmento

-escribe el citador-

La textura completa

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Nada se pierde con vivir, ensaya:
aquí tienes un cuerpo a tu medida
Lo hemos hecho en sombra por amor a las artes de la carne
pero también en serio
pensando en tu visita como en un nuevo juego gozoso y doloroso;
por amor a la vida, por temor a la muerte y a la vida,
por amor a la muerte
para ti o para nadie.

Eres tu cuerpo, tómalo, haznos ver que te gusta como a nosotros este doble regalo que
te hemos hecho y que nos hemos hecho.
Cierto, tan sólo un poco del vergonzante barro original,
la angustia y el placer en un grito de impotencia.
Ni de lejos un pájaro que se abre en la belleza del huevo,
a plena luz, ligero y jubiloso, sólo un hombre:
la fiera vieja del nacimiento, vencida por las moscas, babeante y rebosante.

Pero vive y verás el monstruo que eres con benevolencia
abrir un ojo y otro así de grandes,
encasquetarse el cielo, mirarlo todo como por adentro,
preguntarle a las cosas por sus nombres
reír con lo que ríe,
llorar con lo que llora,
tiranizar a gatos y conejos.

Nada se pierde con vivir, tenemos todo el tiempo del tiempo por delante
para ser el vacío que somos en el fondo.
Y la niñez, escucha:
no hay loco más feliz que un niño cuerdo
ni acierta el sabio como un niño loco.
Todo lo que vivimos lo vivimos ya a los diez años más intesamente;
los deseos entonces se dormían los unos en los otros.
Venía el sueño a cada instante,
el sueño que restablece en todo el perfecto desorden
a rescatarte de tu cuerpo y tu alma;
allí en ese castillo movedizo eras el rey, la reina, tus secuaces, el bufón que se ríe de sí mismo,
los pájaros, las fieras melodiosos.

Para hacer el amor allí estaba tu madre
y el amor era el beso de otro mundo en la frente,
con que se reanima a los enfermos,
una lectura a media voz,
la nostalgia de nadie y nada que nos da la música.

Pero pasan los años por los años y he aquí que eres ya un adolescente.
Bajas del monte como Zaratustra a luchar por el hombre contra el hombre:
grave misión que nadie te encomienda;
en tu familia inspiras desconfianza,
hablas de Dios en un tono sarcástico, llegas a casa al otro día, muerto.
Se dice que enamoras a una vieja, te han visto dando saltos en el aire,
prolongas tus estudios con estudios de los que se resiente tu cabeza.
No hay alegría que te alegre tanto como caer de golpe en la tristeza
ni dolor que te duela tan a fondo como el placer de vivir sin objeto.
Grave edad, hay algunos que se matan porque no pueden soportar la muerte,
quienes se entregan a una causa injusta en su sed sanguinaria de justicia.
Los que más bajo caen son los grandes,
a los pequeños les perdemos el rumbo.
En el amor se traicionan todos,
el amor es el padre de sus vicios.
Si una mujer se enternece contigo le exigirás te siga hasta la tumba,
que abandone en el acto a sus parientes,
que instale en otra parte su negocio.

Pero llega el momento fatalmente en que tu juventud te da la espalda
y por primera vez su rostro inolvidable en tanto huye de ti que la persigues a salto de ojo,
inmóvil, en una silla negra.
Ha llegado el momento de hacer algo parece que te dice todo el mundo
y tu dices que sí, con la cabeza.
En plena decadencia metafísica caminas ahora con una libretita de direcciones en la mano,
impecablemente vestido,
con la modestia de un hombre joven que se abre paso en la vida,
dispuesto a todo.
El esquema que te hiciste de las cosas hace aire y se hunde en el cielo dejándolas a todas en su sitio.
De un tiempo a esta parte te mueves entre ellas como un pez en el agua.
Vives de lo que ganas, ganas lo que mereces, mereces lo que vives:
eres, por fin, un hombre entre los hombres.

Y así llegas a viejo como quien vuelve a su país de origen después de un viaje interminable corto de revivir, largo de relatar,
te espera en tí la muerte, tu esqueleto con los brazos abiertos,
pero tu la rechazas por un instante,
quieres mirarte larga y sucesivamente en el espejo que se pone opaco.
Apoyado en lejanos transeúntes vas y vienes de negro,
al trote,conversando contigo mismo a gritos, como un pájaro.
No hay tiempo que perder, eres el último de tu generación en apagar el sol y convertirte en polvo.

No hay tiempo que perder en este mundo embellecido por su fin tan próximo.
Se te ve en todas parte dando vueltas en torno a cualquier cosa como en éxtasis.
De tus salidas a la calle vuelves con los bolsillos llenos de tesoros absurdos: guijarros, florecillas.
Hasta que un día ya no puedes luchar a muerte con la muerte y te entregas a ella, a un sueño sin salida, más blanco cada vez, sonriendo, sollozando como un niño de pecho.

Nada se pierde con vivir, ensaya: aquí tienes un cuerpo a tu medida,
lo hemos hecho en la sombra por amor a las artes de la carne pero también en serio,
pensando en tu visita
para ti o para nadie

.

.

.

[T. Plaz ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]

No-Triciclo

Triciclo Triste - Marecelo Montecino

Triciclo Triste – Marecelo Montecino

.

Yo nunca tuve algún triciclo cuando fuí niño

anduve alguna vez en tres ruedas

(feliz, anduve sin reparo de nada ni nadie)

pero nunca, nunca anduve en un triciclo.

.

Fué el ingenio de sacarle una ruedita a mi bici

que me hizo sentir como si alguna vez

hubiera tenido alguno.

.

Que fuera rojo o azul o negro

bajito o alargado al frente o a los lados

de ruedas grandes o chicas o ambas

o como fuera, daba igual

la cuestión era inventar (lo

que no había tenido)

.

Había sacado la ruedita izquerda

(que era la que más estaba gastada)

porque me decían que era zurdo

y como se me hacía fácil apoyarme

con la izquierda

.

no tuve problemas para creerles.

.

Fué lindo andar así en tres ruedas

como desafiando al sentido común

aunque después tuve que aprender

a ser niño grande

aunque no lo hubiera querido

me creció el cuerpo, y así

tantas otras cosas fueron

cambiando

.

Así que tuve que aprender a andar en dos.

.

Pero ya había aprendido

mucho antes de que mediera cuenta

ya andaba en dos ruedas

desde que había sacado

la gastada ruedita izquierda.

.

Resultan ahora

dos grandes ruedas de aro quince, dieciocho

(o catorce)

la verdad es que no lo recuerdo bien.

.

.

.

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