Ahogo: ¿el aire?


Necesitaba un aire ajeno a mis pulmones.

Me había pasmado en un ahogo inusual. La noche no se había hecho más densa con las lacrimógenas que avanzaban silenciosas por los barrios. No sabía qué serían de esas horas después de que yo ya me durmiera, tan ingenuo e inocente como siempre ha sido durante todos estos años. Entonces pensaba y no entendía qué podía esta escena ya tan recurrente. Dejaba de pensar, ya rendido al picor de los ojos, y una quemazón que ingresaba por todo mi cuerpo.

Por mis narices, así como por entre los ojos, corrían torrentosos líquidos que parecían huir de todo esto.

Y me preguntaba en voz baja, como no queriendo molestar a nadie:

¿Dónde está ese aire que me falta ahora? ¿cuál será? ¿acaso es esto que respiro, o es,quizá,  un aire menos urbano, más calmo, como ese que está un poco más allá, para el sur, pero no tanto,  por ahí entre Talca, Cahuquenes, Chanco, Constitución?

Creo que hasta Chanco, porque en Constitución está la celulosa de Arauco, pincelando los pulmones de aquellos, los individuos que se hacen preguntas similares a las mías.

La noche perfumada pasó lenta, como los cartoneros que pasan toda la noche urgando sus esperanzas.

Ahora más depierto pienso: quizá este ahogo no era a causa del aire…

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[T. Plaz ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]

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