Apreciaciones de una madre respecto de su mascota, que es como su hijo


Era un sentimiento extraño, muy pero muy extraño,

era un sentimiento hacia su mascota

como de aflicción, como cuando el corazón

late por algún mal presentimiento,

una tincada (una corazonada seguramente)

tal, que se podía escuchar a la madre decir

que lo había ido a botar.

Quizá era el sentimiento de culpa

que nunca debió haber sentido

cien preguntas a la conciencia:

¿estará bien? ¿estará cómodo?

“¿le faltará algo, o quizá querrá

que le haga cariño como de costumbre?

quizá querrá volver”

Cuando llegó el momento

de volverlo a ver

pareció para ella

más que un alivio

una gran noticia.

“Parecía como si lo hubieramos

ido a botar aquí,

pobrecito”.

Decía mientras

lo traíamos de vuelta.

No ladró ni comió

sino hasta que allí

ya vuelto a casa

se notó en confianza.

No sabremos más,

sólo quedan estas

apreciaciones

que le son del todo

del todo ajenas

Pese a que fuese mucho

el aprecio que ella le tiene.

————-o————-

[T. Plaz ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]

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