Quinta reunión, red intercomunal


No es acta lo que escribo porque no me interesa ser secretario. Tomo apuntes porque me parece que la memoria a esas alturas  de la noche no da para mucho, además que el cafecito que a veces llega y a veces no, te distrae demasiado, al menos no tanto como el frío. Apunté nombres y direcciones de gente muy interesada. Habrá que ver cuales son sus muchos interes.

Un integrante del gobierno regional nos dió la nota alta de lo que eran los conductos “regulares” en la política chilena, sobre todo en esa área que poco se sabe o bien se ignora: esa instancia que está por arriba de los municipios (al menos la instancia). El tipo seguramente es un apitutado, pero no sabremos si es un experto en la materia: de la retórica o el convencimiento, de la bondad o humildad, del respeto o el trabajo. No sé: ahí estaba el hombre hablando de los proyectos que envían los alcaldes al gobierno regional, pasándose por la raja al consejo, o sea, los concejales y otros pelagatos. “El señor feudal”, como acotaba un integrante de la red intercomunal.

No era mala persona, de hecho es todo un hombre de trabajo, según parecía.

Y no era ni él ni nadie en particular. Ya para estas alturas ibamos desde las irónicas risas al angustiante resignamiento. Por eso estábamos ahí, y no en la puerta de alguna oficina cualquiera pidiendo limosnas. Pero hay algo que nos hace pensar que vamos hacia adelante, seguramente nuestras creencias de decir: “bueno, parece que somos de izquierda, y hay gente de izquierda que nos ha venido a apoyar. Estamos apoyados, vamos hacia adelante.” Éramos como niños construyendo mundos que no existían, y que no por eso no podían serlo.

Vuelvo con un dejo de alegría que no puedo mantener. No sé, quizá se me perdió antes de escapar de la neblina, cuando entramos al nissan de la señora Marcela y prendió la calefacción. Cuando tuve que abrir la ventana, ya para ese entonces todo había vuelto a la normalidad.

Aún me veo muy jóven para el asunto. No sé, quizá tema algo, por eso a veces me retraigo de toda la pasión que puede implicar todas estas actividades. Quizá, será una situación similar en la que Rantés le preguntaba al siquiatra:

“¿Por qué lo siquiatras cuando están oyendo a un paciente se tiran para atrás? ¿Temen al contagio?”

A lo cual debiera responder:

“Disculpeme, es una costumbre

.

.

.

[T. Plaz ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]

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