Algunos minutos


Estación Central

“Cuando todos se restan, queda aún algo que resulta familiar”, A.A.

Voy pasando por la alameda, cuando sin reparo del semaforo me detuve. Abrí la ventana para tomar aire. Un poste tenía un foco que me ilumana de frente con su luz amarillenta.  Son las cuatro de la madrugada, y el semáforo estaba en rojo. Esperé, miré lo largo de la alameda, seguramente esa del hombre libre que anduviera caminando por ahí. No sé, no había nadie, salvo las camaras que supone alguien mirando por ahí. Recuerdo esa camara: me parece que nos conocemos desde hace varios años ya.

El mono verde del semáforo pestañea. Cierro la ventana. Habían unos ancianos que se retiran con paso ligero a los callejones con sus bolsas y cartones. Parece que no les gusta que les molesten.

Por fin un cambio. luz verde. Todo parece seguir igual. Prendo el motor. Le costó partir a este cachorro. Hace frío, después de todo, después de todo no es lo mismo que ese calor humano que se entrevé en el día, cuando la estación parece más central.

Avanzo hacia adelante, aunque la  verdad de las cosas es que olvidé a donde iba. Me pierdo. Vuelvo de donde venía.

El desandar. A eso me refiero. Por eso ahora voy en retroceso. Me lo permito porque aún es de madrugada, y no hay nadie que te diga algo.

La camarita amiga sólo mira.

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[T. Plaz ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]

Un pensamiento en “Algunos minutos

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