Desección general – 2da edición (5/6/2010)


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Un turista pasea

Distraído y remanso

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Dicen es peligroso

pero aún más peligrosas

las ruinas obturadas.

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Una tras otra en el dedal adicto

Nada distrae la calma que lleva

Todo recorre como en un océano

Desatendido decorre gatillo

Mil fichas purgadas en guardablanco

escribirán más que nombres, premisas:

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Aves exóticas de algún lugar aparente

Expresiones manuales de culturas nativas

armadura antigua de guerra, y otras afines

loza artesanal de pueblo rural

retratos familiares, coloniales

otras fotografías encuadradas

pintura rupestre: naturaleza sencilla

tres piezas invaluables de construcciones clásicas

hombres y mujeres muertos, de diversa edad

y a veces en ataúdes que la guarda ocupa.

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Hay que inclinarse demasiado para leer.

Un riesgo que sólo algunos se toman por parte

De ésta: la celebrada exhibición cultural.

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Museo patrimonial y turista optimista

vitrinas lúcidas y anticuarios en reserva

iluminadas con alógenos reciclados

con gases de autopsias crepusculares.

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Luego del almuerzo un itinerario en día hábil

se levantará la mesa al terminar el último

y el postre desproporcionado por el sirviente

será una ademán cordial para los comedidos:

La fotografía sin el turista lo es todo.

Más bien: la exigencia mínima de acompañantes

que esperan de su regreso un presente:

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Querer recibir sólo los recuerdos

De aquello que nunca fué allá y volvió

(Qué insoportable sería esperar

el recuerdo vano de aquel regreso)

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El objeto estará en el regazo, en su aura frágil

hoy más frágil, y aún así, más aurático

en casas de diez por quince, y autoadhesivos

coleccionables, ¡premios y concursos!

Así Violeta pinta en tela a los angelitos

(sea el angelito muerto o para su velorio)

y le inmortaliza post mortem junto a su madre

bien podría ser su abuela, o su tía, o su hermana

Todas con guitarras, con sus ojos y sus labios.

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Pero alguien también podría pensar

en un mundial de fútbol

en las alturas de los andes, ahí en Perú

donde se transan exploraciones guiadas.

Sería como el gran juego al sur de América

De donde se convocan ciudadanos a representar sus ídolos

Y recibir el galardón anémico, de ser ganador.

No, alguien repararía oportuno,

sería algo demasiado exótico.

Y sin embargo de pasar alguna vez

llegarían hinchas y turistas

y se perderán unos con otros.

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Entre la pichanga y la cancha

nadie se arruina.

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Digerido una y mil veces

la belleza de las ruinas está

ahí donde el bolsillo ha perdido la puntada

de la primera costura maternal

y caen y caen y no se sabe cuándo caerán

monedas billetes a un lado de nadie adentro

ahí, parado ante nadie en el momento

en que estallan los soles y los grupos de visitas

se encuentran limitados por una sola razón:

por respeto al patrimonio de la humanidad

pagar en dólares y pasar sin empujar.

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Nadie sube hasta la entrada sin poder entrar

A sólo mirar el letrerito que saluda

“bienvenido a las ruinas de Machu Picchu”

omnisciente mensaje y la ruina de ser vista

la del Partenón feliz aún de ser plaza

de la protesta comunista y voz agónica

de que Grecia ya no es la república antigua.

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Cuando el patrimonio ya es fuera de los museos

es que la tierra misma es incapaz de muros

cuando el muro mismo es la ruina hermosa

¡OH Sudamérica sin muro berlinés que recordar!

No hace falta más carga al mulo cojo y corcovado

La piedra insigne del antes del ayer del libro labrado

en cuero de caballo adoptado por los mapuches,

hoja hecha del árbol de araucaria del siglo dieciséis

y tinta negra y china baste para la escritura

la carga que lleva el animal histórico chileno:

La Araucana de Ercilla y Arauco Domada de Oña.

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Los libros son bibliotecas de los triunfadores

y triunfados e insensatos los oyentes ceden

Levantan guardan polvo: biblioteca de libros

Y no el papel los vuelve románticos domésticos

En su corazon guardan un animal sin nombre

Por éste balbucean mil códigos de barras

Bicentenario de nadie: derechos de autor.

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Océano artesano

último nombramiento

ISBN panamericano.

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El turista flasheará lo que estime interesante a su gusto

y enmudecerá con el albor de su cámara un paso que está

determinado por secciones y pasillos según los intereses.

La música rodeará un ambiente agradable

Nunca sería fotografiada.

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Ha pagado por esto

el trabajo y su cansancio

y no hay billete ni entrada

sino la invención de la herencia

y el turista, un heredero cualquiera

indirecto de este querer decir:

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Tener que hablar con el ojo

Con el rabo del ojo.

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La salida es la misma puerta

insoportable novedad

me cruzo con muchos algunos

siniestro golpe en la bisagra

algunos siguen apuntándome

me cubro el rostro de rubor

me avergüenzo, algunas cosas

caen al suelo, se destrozan

los pierdo en la salida, triste

largo y la calle subalterna

aún daría con la entrada .

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————-o————-

[A. Apablaza ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]

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