Notas de lecturas – [domingo 24 de octubre, 2010]


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Estoy cruzado por un flujo de casualidades. La primera es vital:

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Entre las 7am y las 8:30am rayos de sol pasan por la ventana de la otra pieza, pegan casi como en un encuadre dirigido por un director esa calidez en pleno hocico. El segundo flujo sería el hecho de que duerma como me duerma despierto mirando hacia la puerta, como haciendo vigilia de no sé qué, o quizá a raíz de la escoleosis-hiperlordosis me acomodo así. Así que la mirada hacia la puerta y sol de mañana. No sé si me agrada o me molesta.

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Pienso en las clases en las que exponía a Piaget, en esa época en la que el niño adquiere cierta voluntad sobre el cuerpo y puede generar ciertas actividades motrices, “como voltear hacia el otro lado en caso de que le molesten los rayos del sol al bebé… porque en ésta época, determinada por la infranqueable búsqueda del placer y la evasión del displacer, el niño si siente desagrado por este sol, será probable que lo evite dándole la espalda. Así de espaldas no le insolará el rostro, figura con órganos sensibles como los ojos, la nariz o la boca, lugar originario del placer (como dirán todos los autores del desarrollo psico-algo. La boca, sea por lo que sea), sino que se expondrá con la espalda… Así  el niño puede incluso encontrar placer del sólo hecho de evitar este desagrado. La evasión puede fundar otro tipo de placer, si bien no indmediato e incontrolable (pulsional), uno que se elaborará en todo el desarrollo psico-motriz, psico-sexual, psico-social: Piaget, Freud, Erickson…”

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Aquello fué algo así como un flujo de la conciencia-memoria, por falta de recuerdos de sueño. Fabular, por consecuencia, una clase que nunca existió era un síntoma, un símbolo a ser interpretado como aquello que quiere ser realizado de alguna manera, aunque sea ese deseo en un sueño.

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Otro flujo que es importante es que sólo se da en cierta época del año, cuando a el ángulo del movimiento hace que justo entren por ahí rayos que se ajustan a la posición de la casa-ventana-pieza-puertade la otra pieza-pasillo-puerta de mi pieza-pieza-cama-rostro. No pienso en la disposición egipcia de las pirámides, quizá pienso en los faraones si les molesta el cádaver cuando llega la luz a sus sarcófagos. No, no pienso en los faraones. No sé, un pensamiento sólo es casualidad, como cuando a alguien se le cae un grano de arroz y había un perro debajo de la mesa que terminó por comérselo.

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Pude haber sido diestro y haber tenido la malformación a otro lado: en esto me ocupo algunos momentos, tratando de forzar esa figura con el cuerpo.  Imposible, hay un mecanismo llamado dolor que impide todo juego atípico con el cuerpo. Tomo el tema por otro lado, menos doloroso: que el mundo girara para otro lado, entonces siendo zurdo hubiera sido no diestro, sino puro flujo. No hay nada mesiánico en esta luz en el rostro en cierta época del año. No tengo nigun afecto atronómico ni astrológico. Todo télos se reduce en las telas que tengo ahí esperando en el suelo, en esa espera del momento en que me dé el tiempo para forrar las tapas del libro que aún no he hecho. Y aquí otro flujo: lo por hacer: fantasma del proyecto de vida. Y ahí una valoración positiva: los trapos no sólo esperan, sino que también sirven para pisarlos, como si fueran una alfombra mosaica, aunque no alcanzan ni para cubrepiso.

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Antes de levantarme meto la mano por debajo de la cama en búsqueda de algo para leer. Doy con algo pesado y grueso, “un libro, de filosofía” pensé, esperando que hoy hubiera tocado no sé, uribe, rojas, yo mismo, qué se yo, una hoja de escritura y temblor que pasan volando cuando la ventana está abierta. Aquí otro flujo cruzado al torrente: “El anti-edipo”. Voy y leo las primeras dieciséis páginas, menos las notas de Baeza que me molestan (sobre todo porque me insinúan cuán poco sabré leer el libro). Luego de hojearlo me doy cuenta de que no había pensado en este libro, sabiendo que he tematizado/problematizado más de un mes el problema del psicoanálisis freudiano y no hacía más que leer a Zizek y mirar fotos de hospitales psiquiátricos.

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Dadas estas cruzas, no me impresionaría que llegara otra. Pero claro, no una como ésta.

 

dedicatoria-declaración

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tu poesía

-dice un amigo-

está llena de

pajas filosóficas

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Me gusta la paja

y no veo un problema

si no hay concepción

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No todo es producción.

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[Julito – 08/10/2008]

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A partir de este papel que se me había pegado a la zapatilla y que, además, prologó la lectura de esta mañana, me dí por satisfecho. ¿Qué otra cosa se podía cruzar? La idea de que esta solemnidad recurrente de la memoria era un bodrio. Quizá bastaba sólo pasar las mañanas mirando películas. Varias, varias  películas, o empezar a hacer la tesis.

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[A. Apablaza. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]

 

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