Rilke, 1


 

 

Era el que leía, el que miró entrevero

 

.

.

¿Quién, si yo gritara, me oiría desde las jerarquías

de los ángeles?, y aún en el caso de que uno me

cogiera

de repente me llevara junto a su corazón: yo perecería

por su

existir más potente. Porque lo bello no es nada

más que el comienzo de lo terrible, justo lo que

nosotros todavía podemos soportar,

y lo admiramos tanto porque él, indiferente, desdeña

destruirnos. Todo ángel es terrible”

 

Elegías de Duino. Los sonetos a Orfeo

Rainer María Rilke

 

 

Link: Rainer Maria Rilke: la poesía en la edad moderna

 

Algunos apuntes tendenciosos antes de toda posible lectura de/hacia/contra Rilke.

 

Angustia de no poder ser escuchado por aquel[los] a quien[es] se aclaman elegías y que, incluso, en la necesidad de imaginar la posibilidad, el poeta tiene la claridad de que tal gesto sería imposible a costa de la indiferencia de aquellos a quienes se invoca. Que toda la belleza del mensaje pudiera estar en ese lugar, el de la escucha, o más bien, la pregunta que resulta un soportar esta condición, esta existencia que, indiferente, resultaría silenciado por una existencia que nos precede [en tiempo, espacio, ley [justo lo que] quería escuchar] . Aquello [ese “ por su existir más fuerte“] que sin más no escatimaría atención alguna en hacernos desaparecer.

 

Porque lo bello no es nada

más que el comienzo de lo terrible, justo lo que

nosotros todavía podemos soportar


(Habría que ver si es por la fuerza de su existencia es la indiferencia. O más aún, cómo justificar este análisis en el poema)

Justicia y tiempo, […justo lo que… todavía…] lo terrible es nuestro soporte, el abismo sobre el cual poder aludir a gritos una proclama que (busca?) [qué]

 

 

¿Cual es el tiempo en donde “lo terrible, justo lo que nosotros todavía podemos soportar” parecía esperar el comienzo de lo terrible? ¿Cómo se podría describir? Este todavía expone una situación de inminente pérdida, en la cual Rilke, como nos quiere hacer entender, nos encamina desde la belleza como el camino de lo terrible. Ese todavía, entonces, sería el prefacio del camino a recorrer? Cuándo la pregunta deja de ser pregunta y empieza a ser camino? ¿En el camino terrible, terrible camino, lo terrible y el [un, sólo un?] camino?

 

Dialéctica?

ensayo de un monólogo:

(no me importa si tenga que ver con todo esto, no me importa. Hoy me nacen las palabras con un candor distinto. Rilke aún son fragmentos sobre fragmentos, en trazos de analistas, en traducciones  bienintencionadas. No me importa  que tenga que ver,  por eso) “te hablo no para que me escuches, sino para que me lleves. No me escuches: llévame, pero como sólo tú lo sabes, indiferentes, desdeñandome en cada momento. Y aún si llegaras a escucharme, no me entenderías nunca. Porque una pregunta sería abandonar

Te hablo no para que me escuches, sino para que me lleves”

 

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