gonzalo rojas (in memoriam)


GR

Foto: Juan Eduardo López

 

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A Mnemósine

a quien debemos

el don de recordar

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Cuando fuí era todo discreto. Llegamos justo cuando abrieron  el bellas artes. Ahí estaba con mi amigo, suponiendo que llegando más temprano nos restaríamos de las colas que habrían. Eso suponíamos, pero no había nada. Nadie. Todo estaba expedito, incluso cuando nos retiramos del salón, después de las seis y tanto. Nuestras expectativas eran diversas porque nunca habíamos ido al funeral de un poeta. Lo que significara eso se resolvería ahí, con las dudas y la inseguridad de nuestra visita.

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Íbamos a la visita del poeta. Por cortesía, atención, amistad o cualquier otro motivo no muy claro. Dudo que fuera por devoción o ganar algún tipo de indulgencia… Pese a que los poetas pueden ser como grandes iglesias, Gonzalo Rojas era más una animita poética: cercana, popular, disidente, difamadora de un decir a su modo. ¿Con qué veníamos nosotros? No con mucho. Yo con unos poemas dando vueltas en la cabeza y mi amigo nada más que con una amable cordialidad. Recitarlos me resultaba imposible.

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En aquel salón el espacio se me hacia demasiado único sobre él. Solo, ahí, cálido sobre el rojo de su corbata, y un gorro negro sobre el regazo haciendo como de pequeño florero en la mesa de centro. Más allá unas sillas a lo lejos, alineadas, sin alguien que quisiera sentarse en ellas, varios se asomaban a mirar, apiñados a una esquina, casi como si fuera un gran piquete policial esperando que suceda lo que todos esperaban: que alguien se sentara, motivado por una costumbre, o quién sabe, que hablara su hijo en cadena nacional.

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Entraban algunas personas con arreglos florales.

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Cuando la asistencia se hizo masiva, la compañía que le hacía guardia me pareció insignificante… tantos viajando desde europa, desde china, desde la calle adyacente, residentes que nada más por curiosidad se toparon con el vecino Rojas. Me parecían insignificantes. Yo mismo era insignificante masticando el bellas artes en un blanco papel cuadriculado. El gesto fúnebre me parecía poco. Me preguntaba qué hacía yo ahí. Yo lo fui a ver antes de que se lo llevara la tierra de Lebu. Lo fuimos a ver con mi amigo, y me pareció infame llegar temprano… Eramos como la carne de cañón a la espera del monumento fúnebre, la imágen que ningún reportaje testimoniaría, el momento en el que no se levantaría ninguna elegía, el tiempo que de algún modo pasaría. A mi amigo le decía que llevaría un libro de Rojas para irlo leyendo en el camino, y luego de revisar y revisar mi desorden nada más tenía una antología donde había algunos poemas, una selección…

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Y así mis condición sentimental frente al difunto: una selección. Ni siquiera una antología, como ese librito abierto al frente del cuerpo, dispuesto con un lápiz… como si el espectro de su vida esperara justicia de parte de los chilenos… en algunas letras en su nombre.

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Sé que muchos no leyeron en vida, que aún así  fueron  igual y entregaron sus respetos con algún momento en silencio junto a él. Otros llenaron las palabras de su nombre con grandeza, y pareciera costumbre a la que me resisto un poco eso de hablar del finado y dejarlo ahí seco, con sus últimas gotas de sangre recorriendo su oreja, levemente al candor del pelambre afectuoso…

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Y no, no todo es en un solemne in memoriam.

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Sentados a la distancia, nuestro acompañamiento resultaba discreto, a diferencia de algunos convidados que vinieron con más lágrimas, más gestos y emociones. Yo ni me había puesto perfume. Ahí en la banquilla más austera aguantábamos el tiempo levantando nuestras banderas, abriendo cuadernos, borradores, porque de alguna manera no podíamos ir a despedirlo, sino al contrario, ir a su encuentro por medio de la escritura… Clásico, predecible, patético. Nos resistíamos a escribir, nos mirábamos, pero me dejé llevar por mi amigo que, pese a que no había leído nada y sólo lo había escuchado cuando le hablaba spbre él. Lo noté inspirado en un rallado de muralla que hasta varios meses después sigue repasando. El amonono debiera resistirse a lo aparatoso.  Sólo él saber qué resultará de eso.

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Ensayé entonces algunas líneas, de esas que nacen muertas, llenas de dulces que se derriten en tu boca, y algunas que nacen así nomás, en esa condición: bellas. Pese a eso, no cambiaban su mortandad. Muerte al fuego de supresión. Muerte a la guardia. Muerte a los que no estuvieron. Muerte a los que quisieron estar. Seré la violencia de la palabra: Hablaré por todos ellos.

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I

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UN LIBRO ABIERTO DE CONDOLENCIAS

ES UN CONSUELO

UN ATAÚD AÚN ABIERTO Y SU VITRIAL

ES UN CONSUELO

QUE NOS VOLVAMOS A VER ENTRE TANTA GENTE

ES UN CONSUELO

QUE TODAS LAS OFRENDAS VOTIVAS

SEAN UN CONSUELO

NO ME ESTRECHAN EL ANCHO CAMINO

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QUIZÁ ESTAR PERDIDO, CONJURANDO

UN “no hay rata curativa” SIN PODER CURAR

SEA ESTO SIETE VECES UNA VERDAD Y CONSUELO

POR ESTALLAR EN EL CAMINO DE LA PESTE.

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A UN HOMBRE MUERTO

SU POESÍA

ES UN CONSUELO

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II

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¿QUÉ SE LEE CUANDO SE LEE?

¿LA CABALGADA DEL JINETE

O EL DESCANSO DE LAS PALABRAS?

NADA MÁS LA PREGUNTA

ES EL CONSUELO

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MÁS CERCA, AQUÍ

LA CORAZONADA TRANSHUMANA SE LEE

MÁS ÍNTIMO, VEN AUNQUE ARGÜLLAS

NO HABER LEÍDO NADA, QUÉ IMPORTA

QUÉ IMPORTA ENTENDER AL PRINCIPIO

SI DESDE LEBU SE ABRE EL UNIVERSO

Y DESÁTESE EN VERSO CADA LIBRO

QUE COMIENCE A ABRIRSE FRENTE A TÍ

A TU LECHO TE VENDRÁN A ESPERAR MÁS APRENDICES

MÁS PERDIDOS, MÁS DESGRACIADOS

AÚN CON LA SANGRE DEMASIADO LIVIANA

MÁS LEJOS, ALLÁ

DESGASTADOS PEREGRINOS

ARROJADOS FUERA DE LOS GRANDES POETAS

EN LA LEVEDAD DE MIS CONDOLENCIAS

RODEADO TE VERÁS Y YA NO HAY NADA QUE HACER

AHÍ CON LA BOCA ABIERTA

EL CAOS

HASTA QUE LA VENTANILLA ESPERE SU TURNO

Y SELLE TODO PROPÓSITO CON EL CUERPO

CON LAS MANOS AÚN SUCIAS DE OFICIO

EL CARBONCILLO DESGASTADO DEL MUNDO

CEPILLA SUS MORDIDOS DIENTES

 
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III

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¡FUERA REZADORAS!

HOY DÍA LOS QUE QUEDARON

RESTAN AÚN POR HILZAR VERSOS A PUNTO

TENDREMOS QUE DEVOLVERLE

A SU CURSO UN PUNTO

EL TIEMPO, NO

JAMÁS NOS SERÁ

SUFICIENTE

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A MITAD DEL CAMINO SOLO LA CARNE

SABE A DÓNDE SE ENCAMINARÁ

SI HACIA LA RESURRECCIÓN O

HACIA LA PESTE DE LA VIDA

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IV

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EN TU NOMBRE DIRÁN ALGUNAS COSAS

CON GUSTO, SIN TOCAR PROFUNDO:

ROJAS

Y YO NI ESCUCHAR NI HABLAR

EN TU NOMBRE NADA MÁS

ME QUEDARÉ UN RATO

ANTES DE QUE COMIENCEN A SUMAR LOS DÍAS

DE TU TEMPRANO CENTENARIO

DE VIDA Y DE MUERTE LOS CUENTO BREVES

EN NÚMEROS LATINOS ANTES DE

QUE LOS RECUERDOS TE LLEVEN

A LA FUERZA DE UN SILENCIO OYENTE

QUE SEA PREGUNTA Y DIGA

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DIME

¿CUAL ES TU COLOR FAVORITO?

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PREGUNTA DEL DESEO RESISTENTE

¿A QUÉ HORA NOS VAMOS?

A ABANDONARSE POR FUERZA DE LA BRUMA

DE AQUELLOS, TUS ÚLTIMOS CANTOS

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VENGO A SALDAR CIERTAS CUENTAS

A DECIRTE QUIEN ERA ANTES

DE QUE HOY ALUMBRARAS EL ALBA

TÚ SABES CÓMO MORISTE

TÚ SABES CÓMO A TUS DÍAS

POSTRIMERÍAS, VENCISTE Y EL POEMA

A UNAS POCAS FLORES EN NOMBRE

DE PARTE DE LOS DESCORAZONADOS

INTERCAMBIANDO REZOS POR VERSOS

LA INFAME GIMNASIA DEL BIS

SIN SABER A DÓNDE CONJURAR

A DONDE IR A DECIR:

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¿QUIÉN NOS HA DICHO QUE SEREMOS

SALVOS DE LA POESÍA?

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V

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NADIE NOS HA ENSEÑADO ALGO DE LOS FUNERALES

PARA QUÉ IR, CÓMO Y CON QUÉ

EN OSCUROS MOMENTOS DE GAFAS

CUANDO AFUERA EL CIELO ERA AÚN

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CÁLIDO

AZULADO

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[T. Plaz ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.] 

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