El tiempo que marca


a veces es un tiempo ajeno que nos acusa que esperamos.

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Me parece que siempre te esperas tener la última palabra, o me equivoco. El que espera sin decir qué espera, guarda también la espera. Es doble espera, no lo digo tú como solo tu, sino cualquiera, pareciera que cualquiera que espera como escritura > el que escribe su espera se inscribe en ella. Muestra sin mostrarse del todo, juega con las formas, cierto erotismo de las sombras. En el claro/oscuro llamas, buscando llamar la atención del resto.

No me interesa saber qué o quién, interesante saber por qué o para qué, ahora bien, sinceridad: aprecio el cómo. Y si el resto se deja entrever, será porque el entrevero lo habrá permitido > “me esperaba que alguien me lo preguntara, pero debe ser la persona indicada, que me haga justicia, sino seguiré esperando”.

El que espera parece siempre tener la palabra (porque no tengo lo que espero, busco de qué aferrarme. Yo mismo escribo, también (me) espero ) y se espera que los demás le den la palabra de alguna forma (dejando de escribir > no escribir por el que espera, dejando al que espera escribir > alentando al que escribe siga escribiendo, siga esperando)

Sin muchas veces por qué tener que saber por qué, o qué/quién espera. Es como cuando a veces vemos a alguien llorar. Esperamos que en algún momento tenga que dejar de llorar, entonces acompañamos muchas veces a estas personas, esperando que dejen de llorar. Podría llorar para siempre, ¿no? lo mismo esperar.

De qué manera esperamos?
(in)distintamente
Cada uno de una manera.

Nos esperamos que la escritura también tenga paciencia, se preste para estas cosas que no entiende, porque nunca la escritura se toma su tiempo, toma siempre el tiempo del otro, el tiempo que cada cual encomienda a esperar, como el tiempo de las cartas que viajaban meses, hoy esperan sólo ser leídas, respondidas.

Siempre me he preguntado qué espero, y si realmente espero, porque el día que deje de esperar no sé si me habré respuesto, sino habré resuelto mi espectativa. Nacemos para esperar o es que lo aprendemos como un valor humano? Valores como la promesa y el juramento, se mezclan con la fe y la espera.

Aunque cumplamos, siempre fallamos, nos justa faltar, también por eso esperamos, nos esperamos, y esperamos de las cosas, las personas y las palabras a veces nada, a veces todo.

No hay mejor droga que el yo que pregunta sin buscar respuesta
más que eso la razón echada al aire.

En ningún caso nos quedamos con la espera. Quien espera se agita y se agota, se cansa y se agobia. El que espera espera dejar de esperar? De alguna manera y en algún momento sí. Espearar el momento es hacerse justicia, como quien manifiesta haber esperado, y por lo mismo, haber cumplido, como el guardavallas espera haber cumplido haber guardado a su equipo de goles, goles que no dejarán de insistir hasta el día en que deje de jugar definitivamente para siempre.

Y pese a los goles que pueda recibir, sabe que aún tiene que estar en pié, y seguir guardando.

Esperar y guardar, por esto jamás podría pensarse como un gesto de pasividad, si de pasión, pero no de pasividad. Emociones, a emociones muchas veces debemos.

Me acuerdo también de lo que es la espera, y la justicia. El texto de Kafka “Ante la Ley”

Uno espera que pasen cosas, sea cuales sean, cada espera es una lección: que las promesas y juramentos se cumplan, o se falten.

Ausencia/presencia.

Juego de sombras

Erotismo

Traición

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