Jorge Teillier – Sentados frente al fuego

Jorge Teillier

A los 12 años del fallecimiento terrenal del gorrión de Lautaro

Voz de Doble A

Sentados frente al fuego que envejece
miro su rostro sin decir palabra.
Miro el jarro de greda dónde aún queda vino,
miro nuestras sombras movidas por las llamas.

Esta es la misma estación que descubrimos juntos,
a pesar de su rostro frente al fuego,
y de nuestras sombras movidas por la llamas.
Quizás si yo pudiera encontrar una palabra.

Esta es la misma estación que descubrimos juntos:
aún cae una gotera, brilla el cerezo tras la lluvia.
Pero nuestras sombras movidas por las llamas
viven más que nosotros.

Sí, esta es la estación que descubrimos juntos.
-Yo llenaba esas manos de cerezas, esas
manos llenaban mi vaso de vino-.
Ella mira el fuego que envejece.

De Para Angeles y Gorriones, 1956.

 

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A las bolsas el mar no las olvida

Todos piensan en el medio ambiente!
Y nadie en la bolsa echada al mundo
Voló, voló, ¿libre voló?

*

No es igual que el pollo que como
No es igual que el algodón que visto
Ay, obsesión

*

El espíritu del mundo esta en todo
abandonados, cómo podríamos estar
abandona-dos?

*

Igual hay soledad,
aunque la bolsa se vaya a encontrar
con otras solas bolas a lo lejos en el mar
y hagan una isla de bolsas

*

Bien podríamos hacer un barrio alí.

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[T. Plaz ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]

 

“Toco tu boca…” – Julio Cortázar

el guiño de valkiria

Voz de Doble A: 

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Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

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Solcito

Ante tu maldecir

Soy un solcito de medio día.

Te derretirás

*

Y me decías,

mientras me maldecías:

vos sos ese solcito que te rompe las pelotas a la mañana, que te da en la cara y odias el mundo en un segundo, eso que me suele pasar a mí los Domingos en donde corren la cortina para ir al patio de atrás.

*

Soy el tiempo en que se demora

el que mueve las cortinas

para que el sol caiga en tu cara

Y mientra más demore

más cálida será la caricia

*

Que no se te olvide dar(te) el tiempo

para despertar, sino te quemarás

*

Y que no vayas a quedarte dormida

porque ya cuando entra el invierno de la tarde

me da frío y no hay cómo pueda

encender este

hombre

solo

(con el recuerdo de ti)

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[T. Plaz ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]

 

 

Ella – Vicente Huidobro

mirada

mirada

Ella daba dos pasos hacia delante
Daba dos pasos hacia atrás
El primer paso decía buenos días señor
El segundo paso decía buenos días señora
Y los otros decían cómo está la familia
Hoy es un día hermoso como una paloma en el cielo

Ella llevaba una camisa ardiente
Ella tenía ojos de adormecedora de mares
Ella había escondido un sueño en un armario oscuro
Ella había encontrado un muerto en medio de su cabeza

Cuando ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos
Cuando ella se iba algo se formaba en el horizonte para esperarla

Sus miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina
Tenía los senos abiertos y cantaba las tinieblas de su edad
Era hermosa como un cielo bajo una paloma

Tenía una boca de acero
Y una bandera mortal dibujada entre los labios
Reía como el mar que siente carbones en su vientre
Como el mar cuando la luna se mira ahogarse
Como el mar que ha mordido todas las playas
El mar que desborda y cae en el vacío en los tiempos de abundancia
Cuando las estrellas arrullan sobre nuestras cabezas
Antes que el viento norte abra sus ojos
Era hermosa en sus horizontes de huesos
Con su camisa ardiente y sus miradas de árbol fatigado
Como el cielo a caballo sobre las palomas.

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