El té flota como una boya suelta en el mar


¿Cómo se droga una droga?
¿Cómo se emborracha el alcohol?
¿Y la medicina, cómo se enferma?
¿Y el hambre y la sed, cómo se sacian a sí mismas?
¿Cómo el audífono se escucha?
O el sol, cómo se ilumuna? Solo ilumina al resto!
¿Qué hay del dolor? ¿adolece?
¿un turrón puede morder algo tan duro como un turrón?
De esos que eran blandos hace tiempo, pero que hoy cada vez son más peligrosos.

Y más preguntas a todos lados
a todos, todos, a ningún lado.

Preguntas que revoleo, como la bolsa de té en la taza. Me recuerdo cuando era cabro chico y las preguntas eran las mismas. Ser infantil de alguna manera es un don, una falta para otros, un problema para aquellos, y así un camino una irresponsabilidad una oportunidad y una decisión de vida.

El infante, que en latín es el “infans”, el sin lenguaje, es el que no habla, el que tiene que “hablar” de otro modo, distintamente, su diferencia, ¿qué molesta? que el niño no hable, o que no podamos vivir el mundo en el que constantemente se comunica?

Como niños jugando, nos reímos de nosotros míos, y luego del resto del mundo. Un día que no ría es un día que nunca aprendí a vivir.

Una lástima que no pueda descansar esta musculatura que levanta las comisuras de mi cara cansada.El té flota como una boya suelta en el mar

————-o————-

[T. Plaz ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]

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