Cita: “poema para una joven amiga que intentó quitarse la vida” – Claudio Bertoni, + Lectoescritura


Claudio Bertoni

Claudio Bertoni

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Me gustaría ser un nido si fueras un pajarito
me gustaría ser una bufanda si fueras un cuello y tuvieras frío
si fueras música yo sería un oído
si fueras agua yo sería un vaso
si fueras luz yo sería un ojo
si fueras pie yo sería un calcetín
si fueras el mar yo sería una playa
y si fueras todavía el mar yo sería un pez
y nadaría por ti
y si fueras el mar yo sería sal
y si yo fuera sal
tú serías una lechuga
una palta o al menos un huevo frito
y si tú fueras un huevo frito
yo sería un pedazo de pan
y si yo fuera un pedazo de pan
tú serías mantequilla o mermelada
y si tú fueras mermelada
yo sería el durazno de la mermelada
y si yo fuera un durazno
tú serías un árbol
y si tú fueras un árbol
yo sería tu savia y correría
por tus brazos como sangre
y si yo fuera sangre
viviría en tu corazón.

Claudio Bertoni – poema para una joven amiga que intentó quitarse la vida

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– o –

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“Y si yo soy tierra,

tu serás gusano”

El otro día pensaba por qué no había escrito hace todo este tiempo. Veía el tiempo como una bolsa con cachureos que no resistía más, como las dos bolsas de basura que tenía esperando en el living. Recuerdo que tenía libros tirados por todas las habitaciones del departamento, inclusive en el baño, algo ya hecho habitué. Escribir, ¿por qué escribir? ¿para decir lo que se habla? Podría decir por qué escribí, pero no por qué no he escrito. Me dedicaba a leer no más que leer y cerrar los ojos para dormitar.

La tarde. La búsqueda  se escondió en un atardecer perdido en la ciudad, lo recuerda la memoria que miraba la luz en la muralla que reflejaba el sol. Ya no está.

Pensaba de vez en cuando los libros que dejé en la vieja casa cuando salí. Hay uno que extraño. Recuerdo que ese lo llevé un día a clases para leerlo en la introducción de una clase de psicología. “Jóvenes buenas mozas“, de Claudio Bertoni. Y entonces, como quien busca algo por buscar, como el tipo del otro día que andaba en la playa con un detector de metales cuando estaba por atardecer, me puse a tantear el infinito con las manos. Es un juego morboso. Siempre encuentro algo. Y hoy, mientras hablaba con una amiga, tocaba fibras muy íntimas, coqueteando con el azar que me es grato siempre que lo busco. Recuerdo que escribía para mi y que de alguna manera el otro no era mucho, un poco mas allá de mi conocido reflejo. Encontraba cosas viejas y me sonreía. Aparecen cosas nuevas, como flores en el basurero, una lectura de un poema en una película y un recuerdo cuando traté de tejer un Micky ,ouse. Cosas sencillas que te hacen recordar que la felicidad no es un derecho, más bien un deber. Entonces le pregunté si podía leerle un poema antes de que se vaya, no se dónde. No importa. Quería leerle un poema que no había leído nunca, un poema que leeríamos juntos, pero yo con con el habla, y ella con la escucha,

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La palabra era dada

siempre de otra voz

la palabra ajena

Los poemas ajenos están para

darlos,

dedicarlos.

Doy al otro lo que perfectamente inútil

podre decir aquel que ausente

nos habrá dejado en silencio estos secretos

para la defensa fútil  de que alguna vez

estuvimos presentes en este vientre

que habrá sido este momento

en el que habremos callado.

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[T. Plaz ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]

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