Noche – Alejandra Pizarnik

alejandra pizarnik - Noche

alejandra pizarnik – Noche

Quoi, toujours? Entre moi sans cesse et

le bonheur!

G. DE NERVAL

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Tal vez esta noche no es noche,

debe ser un sol horrendo, o

lo otro, o cualquier cosa…

¡Qué sé yo! ¡Faltan palabras,

falta candor, falta poesía

cuando la sangre llora y llora!

¡Pudiera ser tan feliz esa noche!

Si sólo me fuera dado palpar

Las sombras, oír pasos,

Decir “buenas noches” a cualquiera

que pasease a su perro,

miraría la luna, dijera su

extraña lactescencia, tropezaría

con piedras al azar, como se hace.

Pero hay algo que rompe la piel,

una ciega furia

que corre por mis venas.

¡Quiero salir! Cancerbero del alma:

¡Deja, déjame traspasar tu sonrisa!

¡Pudiera ser tan feliz esta noche!

Aún quedan ensueños rezagados.

¡Y tantos libros! ¡Y tantas luces!

¡Y mis pocos años! ¿Por qué no?

La muerte está lejana. No me mira.

¡Tanta vida Señor!

¿Para qué tanta vida?

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de “La última inocencia”,
editado en 1956

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Mucho más allá – Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik

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Mucho más allá

¿ Y si nos vamos anticipando
de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza?

¿Y qué?
¿Y qué me das a mí,
a mí que he perdido mi nombre,
el nombre que me era dulce sustancia
en épocas remotas, cuando yo no era yo
sino una niña engañada por su sangre?

¿A qué , a qué
este deshacerme, este desangrarme,
este desplumarme, este desequilibrarme
si mi realidad retrocede
como empujada por una ametralladora
y de pronto se lanza a correr,
aunque igual la alcanzan,
hasta que cae a mis pies como un ave muerta?
Quisiera hablar de la vida .
Pues esto es la vida,
este aullido, este clavarse las uñas
en el pecho, este arrancarse
la cabellera a puñados , este escupirse
a los propios ojos, sólo por decir,
sólo por ver si se puede decir:
“¿es que yo soy? ¿ verdad que sí ?
¿no es verdad que yo existo
y no soy la pesadilla de una bestia?”.

Y con las manos embarradas
golpeamos a las puertas del amor.
Y con la conciencia cubierta
de sucios y hermosos velos,
pedimos por Dios.
Y con las sienes restallantes
de imbécil soberbia
tomamos de la cintura a la vida
y pateamos de soslayo a la muerte.

Pues esto es lo que hacemos.
Nos anticipamos de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza.

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Una lecto-escritura de A. Pizarnik


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A los amores, que no son más que estelas de momentos
A veces ni son, mira a veces solo un hálito
Un encuentro,un ruido, una piedra
Reverberancia de la voz del mundo
y la plaga poética de la felidad
Una madeja de humanidad echada a la deshebra
Soy como esta noche que deshago y deseo
palabra echada
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En esta noche, en este mundo
hace frío, hace sueño
en esta noche si hay alguno
de mis intentos que tenga
la palabra, haga ensueño
si digo en esta noche
que estaré contigo
estaré
aunque no te veas
diré que estaré y
te veré
que te eche de menos
es solo porque estás durmiendo

Nadie conspira
Ninguna canción
Ninguna palabra
Ninguna intención

La almohada es la con-tensión
de los días viniendo otoño

El sitio de estas palabras
enmundecen, anochecen
se ensueñan
enmudecen

La ausencia es una falacia
Y tu compañía la extrañeza

¿dónde va el tilde cuando
no encuentro tu ombligo?

En esta noche, en este mundo
no
me resistiría
a la tentativa
me convenzo, eso sí
de la tentativa
de que no hay nada
y esto es tan solo
lo que escribí

ven, cuando leas
cuando haga ver
ya no estaré
lo que no se ve

Solo será el resto
del silencio

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[T. Plaz ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]

Palabras – Alejandra Pizarnk

Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik

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Palabras – Alejandra Pizarnk

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Se espera que la lluvia pase. Se espera que los vientos lleguen. Se espera. Se dice. Por amor al silencio se dicen miserables palabras. Un decir forzoso, forzado, un decir sin salida posible, por amor al silencio, por amor al lenguaje de los cuerpos. Yo hablaba. En mí el lenguaje es siempre un pretexto para el silencio. Es mi manera de expresar mi fatiga inexpresable. Debería invertirse este orden maligno. Por primera vez emplear palabras para seducir a quien se quisiera gracias a la mediación del silencio más puro. Siempre he sido yo la silenciosa. Las palabras intercesoras, las he oído tanto, ahora las repito. ¿Quién elogió a los amantes en detrimento de los amados? Mi orientación más profunda: la orilla del silencio. Palabras intercesoras, señuelo de vocales. Ésta es ahora mi vida: mesurarme, temblar ante cada voz, temblar las palabras apelando a todo lo que de nefasto y de maldito he oído y leído en materia de formas de seducción.

El hecho es que yo contaba, yo analizaba, yo relacionaba ejemplos proporcionados por los amigos comunes y la literatura. Le demostraba que la razón estaba de mi parte, la razón de amor. Le prometía que amándome iba a serle accesible un lugar de justicia perfecta. Esto le decía sin estar yo misma enamorada, habiendo sólo en mí la voluntad de ser amada por él y no por otro. Es tan difícil hablar de esto. Cuando vi su rostro por primera vez, deseé que fuera de amor al volverse hacia mi rostro. Quise sus ojos despeñándose en los míos. De esto quiero hablar. De un amor imposible porque no hay amor. Historia de amor sin amor. Me apresuro. Hay amor. Hay amor de la misma manera en que recién salí a la noche y dije: hay viento. No es una historia sin amor. Más bien habría que hablar de los sustitutos.

Hay gestos que me dan en el sexo. Así: temor y temblor en el sexo. Ver su rostro demorándose una fracción de segundo, su rostro se detuvo en un tiempo incontable, su rostro, un detenerse tan decisivo, como quien mueve la voz y dice no. Aquel poema de Dylan Thomas sobre la mano que firma en el papel. Un rostro que dure lo que una mano escribiendo un nombre en una hoja de papel. Me dio en el sexo. Levitación; me izan, vuelo. Un no, a causa de ese no todo se desencadena. He de contar en orden este desorden. Contar desordenadamente este extraño orden de cosas. A medida que no vaya sucediendo.

Hablo de un poema que se acerca. Se va a acercando mientras a mí me tienen lejos. Sin descanso la fatiga; infatigablemente la fatiga a medida que la noche –no el poema– se acerca y yo estoy a su lado y nada, nada sucede a medida que la noche se acerca y pasa y nada, nada sucede. Sólo una voz lejanísima, una creencia mágica, una absurda, antigua espera de cosas mejores.

Recién le dije no. Escándalo. Transgresión. Dije no, cuando desde hace meses agonizo de espera y cuando inicio el gesto, cuando lo iniciaba… trémulo temblor, hacerme mal, herirme, sed de desmesura (pensar alguna vez en la importancia de la sílaba no).

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