La pregunta de Diamelita para Don Nica

 

Nicanor Parra, fisiopoeta

 

 

Este viejo no es pa na’ tonto.  No señor: un viejo zorro con lengua de cien años. La pregunta de Diamelita no buscaba respuesta, sino poner en juego  la honestidad/sinceridad del vate antipoético, cuya reacción fué un amague digno de las ligas mayores, aunque no quería más que pichangear las preguntas que los participantes pelotearon.

Léase, veáse, y ahí vean qué piensan al respecto:

Acercandose al minuto 5:00 del primer video de la entrevista de Nicanor Parra, Diamela Eltit pregunta “¿qué hay de las tantas tentas tintas tontas tuntas?”, a lo cual Nicanor Parra hace un sobrenatural amague a la pregunta y se hace el desentendido.

Única pregunta que no responde.

Posible respuesta omitida:

Referencia:

“Parra, una cueca larga”. Clarín 25 septiembre de 1972: s/p. Para la vida amorosa de Nicanor Parra no hay mejor documento que el reportaje-confidencia que le hiciera Antonio Skármeta. En él, Skármeta le recuerda a Parra que Mario Benedetti dijo que él tenía tantos matrimonios como libros. Parra reconoce que ha tenido muchas mujeres. Lo ilustra con un artefacto: “tantas, tentas, tintas, tontas, tuntas”.

Por eso me gustan las mujeres como Eltit, que vienen a darle vuelta a la pirueta solemne

 

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[A. Apablaza ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]

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curiosidad de visita vagabunda

¿Nos vamos hacia adentro o bien hacia el mundo?

¿Es que hay que ir o bien es que viene,  o que vienen?

¿Hay acaso algo que sea afuera? ¿o es todo, esto,

y no hay nada más?

El patio es la interperancia de la brisa, su madrugez.

Y  aquí una leche que con café queda más agradable

reconfortan estas preguntas con su vapor.

El sandwich de jamón es la circularidad de la naturaleza:

no pregunta por lugares,  por cosas o nombres

mucho menos de un apetito insaciable

que llama la atención en cada mordida.

Y no es que sólo quede preguntar. Hay una indecisión motivadora:

El desandar, como decía un comedido algún día de ayer.

El frío, la mañana que se despierta con el caminar de los jornaleros.

Esa luz, que molesta al amanecer, y el tráfico, que se hace después de todo.

Ante esto me contemplo desnudo en una duda inocente de ser vista.

¿Hay una respuesta ante todo esto,

o es que hay que tirar un dado,

o la moneda que no tengo

(que me gustaría gastar

en un efímero puchito)?

¿Qué hay entonces? ¿ habitación, mundo, patio,  familia, cosa o idea?

¿o es que todo es una pura virtualidad? Queda entonces volver a preguntarse

con insistencia: ¿nos vamos hacia adentro o hacia afuera?

¿Todo será acaso una cuestión del márgen

entre lo púbico y lo privado?

¿Será acaso eso, eso, lo lúdico en el límite

(que hay entre mis ojos y tu mirada)?

Una corazonada que agita el corazón, dice: no.

Pública es cada decisión, el mundo

de cada chimpancé, de cada chita,

¿y qué hay entonces del deseo que vivo detrás de mis oídos,

de mis labios,

de mi vida de hombre, tras toda ésta:

mi piel de hormigón?

¿O el de los tuyos, humedecidos

en cada palabra, en cada voz tuya?

El margen parece ser una fábula

que vivo en cada ocasión que despierto.

Ante esto tomo la palabra con voz ingenua

que parece enruborizarse cuando se sabe escuchada,

que dice:

¿dónde es que hay que ir?

No espero respuesta

Pues sea como fuere

yo me largo

a donde hoy resulte

caminar.

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[T. Plaz ©. Todos los derechos preservados en bolsas de plástico no-biodegradables.]